E01 · Rompiendo el molde

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Renunciar al trabajo estable para buscar autenticidad

Desde pequeño me inculcaron la importancia de "tener un buen trabajo estable". Seguí el guión al pie de la letra: estudié ingeniería, conseguí un empleo bien remunerado en una empresa reconocida y me acomodé en la supuesta vida ideal. Tenía un sueldo fijo, beneficios y la envidia silenciosa de algunos amigos que batallaban con la incertidumbre laboral. Desde afuera, parecía que lo tenía todo resuelto.

Sin embargo, por dentro sentía una inquietud creciente. Mi día a día transcurría entre reuniones, informes y protocolos repetitivos. La pasión por crear cosas nuevas –esa chispa que me llevó a estudiar ingeniería– se estaba apagando bajo la rutina. Empecé a preguntarme si ese camino tan seguro era realmente mi camino o solo el que los demás esperaban que siguiera.

La decisión que nadie toma

Compartí mis dudas con personas cercanas. Sus respuestas fueron casi unánimes: "No te arriesgues, nadie deja un trabajo así… ¡Está loco el que renuncia teniendo estabilidad!". Era un punto de vista comprensible; ¿quién en su sano juicio renuncia a un buen sueldo en tiempos inciertos? Pero justamente esa frase –"nadie lo hace"– resonó en mí de forma diferente. Si nadie lo hacía, quizá allí estaba la oportunidad de encontrar algo auténtico.

Después de muchas noches de insomnio y reflexión, tomé la determinación que pocos se atreven a tomar: renuncié a mi trabajo estable. Entregué mi carta de renuncia con una mezcla de miedo y alivio. No tenía un plan perfecto, solo la convicción de que seguir en ese puesto sería traicionarme a mí mismo. Al salir por la puerta de la oficina con mi caja de pertenencias, sentí que rompía un molde invisible.

Un nuevo comienzo incierto pero auténtico

Los primeros días tras mi renuncia fueron extraños. Despertaba sin la rutina de siempre y con un abanico inmenso de posibilidades por delante. No voy a romantizarlo: la incertidumbre daba vértigo. Pero esa sensación venía acompañada de una euforia tranquila, la de saber que era dueño de mi tiempo y de mis decisiones.

Decidí aprovechar ese impulso de libertad para explorar todas esas cosas que había postergado. Viajé con una mochila por lugares que moría por conocer, retomé proyectos personales de electrónica que tenía olvidados en un cajón, leí vorazmente sobre minimalismo y filosofías de vida. Cada día descubría algo nuevo sobre el mundo y sobre mí. Era como si hubiese recuperado colores que la vida gris de oficina había desvanecido.

Con el paso de los meses empecé a trazar un nuevo camino profesional a mi medida: pequeños trabajos freelance, colaboraciones en proyectos con propósito y, por supuesto, la creación de Makernauta. No fue fácil y hubo momentos de dudas, tanto financieras como personales. Pero nunca me arrepentí de haber hecho lo que nadie más hacía, porque me llevó a encontrar una versión más plena y auténtica de mí mismo.

Esta fue la primera de muchas decisiones contracorriente. Aprendí que a veces, cuando todos van en una dirección, vale la pena cuestionar si esa es tu dirección. Al romper el molde, descubrí que el mundo es más grande y las posibilidades más variadas de lo que creía. Y tú, ¿tienes algún molde que te gustaría romper?

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