El bufón sagrado con Andrés del Bosque
Desde mi desconocimiento
Este fin de semana participé en un taller teatral titulado “El Bufón Sagrado”, impartido por Andrés del Bosque, un bufón como la copa de un pino. Aunque ya he realizado varios talleres de teatro y de clown, el bufón no se me había cruzado en el camino de manera tan directa.

¿Qué imaginaba cuando pensaba en un bufón?
Lo primero que venía a mi cabeza era la típica imagen del bufón real que acompaña al rey en una época indeterminada de la Edad Media. Pero la realidad es que los bufones y las bufonas aparecen mucho antes, en la mayoría de civilizaciones antiguas. ¿Quizá algunas terminaron desapareciendo porque acabaron con ellos? Luego desarrollo esta hipótesis.
Los bufones eran las únicas personas con derecho a reírse y bromear sobre el rey (no sobre la reina). Eso no quitaba que se jugaran el pellejo en cada actuación. Un desliz, una línea cómica mal trazada, y podían acabar pasto de los gusanos. Por eso su astucia e inteligencia debían ser agudísimas si querían sobrevivir. Su función era la de válvula de alivio para la plebe; como dice Andrés, evitar que el malestar social se pase directamente a las pistolas.
Triboulet y la valentía de jugarse el cuello
Una leyenda que ilustra esto es la de Triboulet, bufón de la corte francesa en tiempos de Luis XII. Tras abofetear el trasero del rey y traspasar los límites no escritos, el monarca exigió una explicación. Triboulet respondió: “Perdón, Majestad, ¡te confundí con la reina!”. El rey, enfurecido, ordenó ejecutarlo, pero le permitió elegir la forma de su muerte. Triboulet contestó: “Elijo morir de viejo”. La respuesta arrancó una carcajada real y el bufón conservó la vida, aunque fue condenado al destierro, donde terminaría asesinado. Gajes del oficio.
El personaje de Triboulet pasó al teatro de Victor Hugo (Le Roi s’amuse) y, de rebote, a Verdi con la ópera Rigoletto. La cultura sigue rindiendo homenaje a quienes se atrevieron a reírse del poder.
El bufón como arquetipo que resiste
Con esta mirada más actual —la de un mundo que todavía conserva “elementos” de aquella época: Borbones, alta nobleza disfrazada de empresarios, obispos glotones…— reaparece la intuición de que los bufones han existido desde el inicio de la humanidad. Su función ha sido vital para el equilibrio mental de sociedades hartas del clasismo. La única manera de sobrellevar el peso de los de arriba era riéndose de ellos a través de una función terapéutica sin mordaza, capaz de bromear con lo imbromeable.
Cancelar el humor es cancelar la válvula de escape
Bajo este enfoque, si instauramos la cancelación en la comunicación y limitamos la libertad de palabra, acabaremos con la válvula de alivio que hace más llevadera la existencia. Entonces solo quedaría la salida violenta. Al final, la cancelación va en contra de los propios poderes fácticos: si la sociedad no puede reírse de ellos, queda la opción del motín.
El bufón existe para recordarnos que la risa sigue siendo una forma de resistencia.